Caricias y reveses de los artesanos locales. Entrevista a Marcelo Néstor Cravero
Por doquier en el parque hadas y duendes sueltos, van siendo inspiración
para sobrevivir. Su presencia
dibuja formas en el aire y genera aromas agradables para la mayoría de los
mortales. Sus formas y colores implantan enormes sonrisas en los rostros de los
niños. La magia se adueña de todo, todo brilla… o quizás no. Quizás las hadas y
los duendes no son más que estatuas, figuras que colaboran con el paisaje, al
igual que un poste de luz que no funciona. Las lonas de colores no sirven de
nada cuando los ojos se posan solamente en las pantallas de los celulares,
cuando la crisis económica contribuye a que no nos sintamos interesados en lo
que el otro hace para sobrevivir. Porque en gran medida se trata de eso,
sobrevivir. ¿Cuántas personas viven hoy del arte en Laguna Larga? De cualquier
tipo de arte. No se me viene ningún nombre ni ningún rostro.
Hace un par de semanas me acerqué hasta la casa de
Marcelo, un hijo adoptivo de Laguna Larga, como así también de muchos lugares.
Soy un poco de todos lados. Mi padre trabajaba en Banco Nación. Soy oriundo
por nacimiento de Las Varillas. Pero cuando tenía seis años empezaron los
traslados, cuando mi padre comienza la carrera en el banco. Así que de ahí nos
fuimos a vivir a Intendente Alvear en La Pampa, después a Coronel Pringles en
la provincia de Buenos Aires, después Firmat en Santa Fe y después a Robert en
la provincia de Buenos Aires. Ahí estuve entre los 14 y los 18, edad en la que
me fui al servicio militar. Fui de la primera camada que entró con 18 años. Me
tocó Marina, así que estuve dos años en el servicio militar, dos meses en bahía
blanca y después en Capital Federal. En la peor época de la dictadura, con
Videla y Massera. Estuve como administrativo y no nos enterábamos de nada, al
igual que la mayoría de la gente. Estuve en buenos aires hasta los 30 y de ahí
me vine a Córdoba. Y ahora hace seis años que estoy en Laguna Larga.
Marcelo y su esposa, Elsa, llegaron a Laguna Larga de casualidad. Imposibilitados de seguir pagando el
alquiler en la ciudad de Córdoba decidieron buscar un lugar para vivir más
económico en el interior de la provincia. Llegaron tarde a una casa que les
había gustado en Lozada, de ahí buscaron algo en Pilar, pero el destino los
depositó en Laguna Larga, en donde viven hace más de seis años y en donde
desarrollan su actividad económica.
Yo me dedico a hacer cajas de regalaría de microcorrugado (Estuches y muebles Artesanales). Hace ya más de
veinte años. Empezamos en 1997, cuando comenzaba otra de las crisis en el país.
El dólar era uno a uno, se traían todas cosas de afuera y la industria nacional
se caía. Primero quedó sin trabajo mi señora. Yo era administrativo en una
empresa de cajas de embalajes. También estaba en la parte de ventas. Y ahí mucha
gente me preguntaba si no sabía quien hacía cajas para regalos, más decoradas,
para presentar productos. Y en Córdoba no había, salvo las grandes empresas que
vendían en grandes cantidades. Ahí me contacté con unos proveedores de Buenos
Aires y me hablaron del cartón microcorrugado, que no era muy conocido. Las
primeras planchas las traje yo a Córdoba. Viajé a Buenos Aires, mi hermano me
prestó $400 y con eso compré dos mil planchas de corte. Y así empezamos.
Estábamos una semana para hacer cincuenta cajas. Era un trabajo totalmente
manual, muy muy artesanal. De a poco fuimos armando el taller, agregando
herramientas para facilitar el trabajo. Mi señora se ocupaba de patear todo
Córdoba ofreciendo lo que hacíamos y yo trabajaba medio día en la empresa como
administrativo y medio día haciendo cajas. Después la empresa presentó la
quiebra y quedé sin ese trabajo, sin la antigüedad y sin cobrar un peso. Y no
quedó otra que dedicarnos de lleno a nuestra pequeña empresa. En esa época mucha
gente se quedó sin trabajo y muchos se la tuvieron que rebuscar haciendo
jabones, perfumes, bombones. Todo el mundo hacía algo. Algo muy parecido a lo
que está pasando ahora. La diferencia es que hoy todos vendemos por las redes
sociales, tenemos mas alcance, mas oportunidad de mostrar y que lo que hacemos
llegue a muchos mas posibles clientes. Un empujón importante para nosotros fue
la Feria de la dulzura que se hacía en la plaza San Martín de Córdoba. Nosotros
hacíamos cajas para los que vendían dulces, bombones, chocolates, alfajores.
Antes de eso te lo vendían en bolsas plásticas o envueltos en diario. De ahí se
empezó a correr la voz de lo que hacíamos, de cómo trabajábamos, hasta que
llegamos a los mayoristas con los que trabajamos ahora.
Marcelo dice que cuando falta plata, lo primero que se
cae es la regalaría. La gente piensa en como llegar a fin de mes, en como pagar
sus cuentas y no perecer en el intento. De vender tres o cuatro mil cajas para
botellas de vino y champagne por año para las fiestas, pasaron a vender cero.
Ninguna. Los adornos, las cosas coloridas, son lo primero que se descarta
cuando las cosas no funcionan bien. Es cuestión de irse reciclando. Si no se
vende tal producto, se busca hacer otros que estén mas al alcance de la gente
común. Y pasa en cualquier rubro. ¿Notaron como se ha ido achicando el tamaño
de las facturas, de los corderos y del pan casero? Hoy las tortillas de grasa
que venden las panaderías o doña Rosa, son la mitad del tamaño que las que
comprábamos hace quince o veinte años. Y no es porque antes éramos más chicos y
veíamos todo más grande. No, el tema es eso de adaptarse, tratar de llegar a
más personas. Marcelo comenzó a hacer cajas mas pequeñas, que podes comprar de
a una o dos en una feria. También realiza muebles de cartón, que a pesar de no
ser más baratos que una cajita, tiene más funcionalidad, como un alhajero, una
repisa o una cajonera. No vende treinta cajoneras por feria, ni cinco, pero es
una opción más para el comprador. Hay mil opciones para llevar adelante, la
parte complicada está en mantenerse. En seguir trabajando con ganas. Mucha
gente se dedica a las artesanías como salida ante momentos difíciles, ya sea
por falta de empleo o para generar un ingreso extra. Aunque lo tomes como tu
trabajo fijo o algo para salir del mal paso, termina siendo una apuesta para
nada segura, algo que depende en gran medida, más allá de la situación
económica, del compromiso y la dedicación que el artesano ponga en ello.
Marcelo puso en venta su taller unas tres o cuatro veces, a pesar del apasionamiento
que siente por su actividad. La economía, la falta de interés por parte del
público, son factores fundamentales en el ánimo del artesano.
Acá tenés la tranquilidad de poder hacerlo, tenés el apoyo del municipio,
que nos ayudó a crear el Paseo del artesano con los stands, las lonas y cediéndonos
un espacio fijo. Tenemos cómo, lo que no hay es el apoyo de la gente. Por ahí
nos cruzamos con alguien que nos dice che, no hicieron mas la feria de los artesanos, los
extrañamos. Y cuando estábamos ahí no
vendíamos nada porque nadie se nos acercaba ni siquiera por curiosidad. No sé
si a la gente de acá le falta esa idiosincrasia de defender y apoyar lo que es
del pueblo. Como que si es del pueblo, no sirve. El año pasado se hizo la
exposición en Sportivo para la fiesta del trigo y la gente entraba al salón,
daba una vuelta mirando desde lejos y se iba a comer. Ahí hablé con un hombre
de Pilar que vendía paneles solares y me dijo cada vez que voy a una
exposición me quedo afónico por uno o dos días de tanto hablar. Pero acá no, no
se acerca nadie. ¿Qué hacemos? ¿Para que sirve? ¿Cuanto cuesta? Nada. Y
eso pasa acá cada vez que se arma un stand. El tema es la gente. Acá hay muchas
chicas que pintan cuadros, y me contaron que han ido a negocios del pueblo a
ofrecer sus trabajos. Y sí, se lo aceptan, pero con la condición de que le permitan
decir que son cuadros traídos de Córdoba o de Buenos Aires, ya que si los
ofrecen como algo hecho por alguien del pueblo, es mucho mas difícil que los
puedan vender. Es una realidad por la que estamos luchando todos los artesanos,
pero cada vez somos menos. Cada vez son más los que se cansan del rechazo, de
que nos ignoren. ¿Por qué ya no vamos al
paseo del artesano? Porque no vendemos, porque nadie muestra interés en lo que
ofrecemos. Y decir que no vendemos nada, es literal. No vendemos absolutamente
nada. Ir ahí es perder una tarde. Afuera es otra cosa. Pilar, Oliva. En esos
lugares hemos vendido muy bien.
Y sí, las personas son complicadas. A veces se comportan
de maneras en la que parecen malas, indiferentes. Tanto con los artesanos, como
con la vida, como con ellas mismas. Tenemos una especie de soberbia que nos
hace valorar lo masivo o lo que viene de afuera, mirando de reojo lo que hace nuestro
vecino el artesano, el músico, el ingeniero. ¿Por qué comprarle media docena de
pastelitos a la chica que se camina todo el pueblo, si puedo ir en auto hasta
la panadería a compra seis facturas? Ojo, está bien comprar en los comercios
locales, el tema es la indiferencia para con aquel que se la rebusca para
sobrevivir. Si estas en la Ciudad de los niños un domingo y ves que hay armados
cuatro o cinco puestos de colores, con gente y cosas lindas. ¿Por qué no te
acercas dos minutos a ver que hay? Son tus vecinos, gente común como vos. No
venden nada extraño, peligroso ni adictivo. No te cobran por preguntar, al
contrario. Ya les haces bien con el simple hecho de mostrar interés. La
indiferencia no es culpa de los medios de comunicación ni de algún político. Es
algo nuestro, interno, que deberíamos resolver con la almohada o con algún profesional
de la psiquis o del alma. O simplemente acercándonos a quien se para detrás del
stand, o que está sentado en el piso junto a una manta llena de cosas coloridas.
El arte es sano, el arte sana. Puede acariciarte el alma, solamente si te
acercas, si te dejas acariciar.
Jorge Sampaolesi
12 de mayo de 2019
Supongo que no es necesario, pero igualmente lo aclaro. Es obvio que el desinterés para con los artesanos y sus trabajos no viene de parte del cien por ciento de la población de Laguna Larga. Por suerte hay un pequeño número de personas que contribuyen a que esta actividad no desaparezca. Los artesanos mismos, la municipalidad a través de las gestiones de Matías Torres Cena y el Colectivo Catalina Clandestina, quien desde su creación ha realizado varias muestras y encuentros de Artesanos. No todo está perdido, simplemente hay que despertar a aquellos que no se dejan acariciar.





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